El hombre que mató a Hitler y después a Bigfoot - Poster
The Man Who Killed Hitler and Then the Bigfoot 2018 Robert D. Krzykowski

El hombre que mató a Hitler y después a Bigfoot

5.7 IMDb
🍅
75% Rotten
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75.0 Mierdómetro

«El hombre que mató a Hitler y después a Bigfoot»: Sam Elliott convierte en oro una extraña mezcla de western crepuscular, drama existencial y caza de monstruos que no es lo que promete su título loco.

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Antonio Desgaste
RESEÑA POR

Antonio Desgaste

¿Dónde verla?

La película

Buenas noches.

Bienvenidos una vez más a este refugio para insomnes y descreídos que todavía esperan que el cine les cuente algo que valga la pena.

Hoy les traigo una película cuyo título parece inventado en una noche de whisky y mala cabeza: El hombre que mató a Hitler y después a Bigfoot.

Y sí, señores, la premisa es exactamente esa. Un veterano americano que, en su juventud, liquidó a Hitler en una misión secreta y que, décadas después, es arrancado de su retiro para cazar al Yeti de los bosques canadienses porque, según parece, la bestia lleva encima una plaga que podría barrer a la humanidad.

Uno entra al cine esperando una locura pulp de serie B con nazis volando por los aires y un mono gigante recibiendo plomo… y lo que encuentra es otra cosa. Algo más raro, más triste y, a ratos, más interesante.

El hombre que mató a Hitler y después a Bigfoot con Sam Elliot

La película, ópera prima de Robert D. Krzykowski, tiene la osadía de no ser lo que promete el cartel. En lugar de entregarnos una comedia desbocada o una acción sin complejos, nos ofrece un melancólico retrato crepuscular de un héroe olvidado. Un hombre que mató al monstruo más famoso del siglo XX y que ahora arrastra el peso de saber que las ideas malignas sobreviven perfectamente sin su dueño.

Sam Elliot

El hombre que mató a Hitler y después a Bigfoot - Sam Elliot

Sam Elliott es, sin discusión posible, la razón principal para ver esta película. Con esa voz de grava vieja, ese bigote que parece tallado en piedra y esa presencia de western crepuscular, convierte a Calvin Barr en un personaje memorable. El anciano Barr es un hombre cansado, callado, cargado de silencios que pesan más que cualquier diálogo. El joven Barr (Aidan Turner) cumple en los flashbacks, pero es el Elliott maduro quien carga la película entera sobre sus hombros anchos y derrotados. Uno podría verle leer la guía telefónica y seguiría siendo fascinante.

La estructura y el tono

El hombre que mató a Hitler y después a Bigfoot - Hitler

La cinta se mueve entre dos tiempos: la operación secreta de la Segunda Guerra Mundial y la caza del Sasquatch en los bosques helados. Krzykowski parece más interesado en hablar de la soledad del héroe, del precio de la violencia y de cómo las grandes gestas dejan a los hombres vacíos que en dar espectáculo puro.

Hay momentos que respiran como un western de los setenta, otros que coquetean con el pulp fantástico y algunos que simplemente se quedan en tierra de nadie, entre la ambición y la torpeza.

El hombre que mató a Hitler y después a Bigfoot - Sam Elliot con armas

No es la locura desatada que uno imagina con semejante título. Tampoco es una película de acción convencional. Es un drama existencial disfrazado de cine de monstruos. A ratos funciona con una melancolía elegante; a ratos se toma demasiado en serio a sí misma y olvida que parte del público vino, precisamente, a ver a un señor mayor pegándole tiros a un mono gigante.

Anécdotas del rodaje

El hombre que mató a Hitler y después a Bigfoot - detrás de las cámaras

Una de las curiosidades más sabrosas del rodaje es que el director decidió no usar solo efectos digitales para el Bigfoot. Contrataron al actor Mark Steger para interpretar a la criatura, permitiendo que Sam Elliott tuviera una interacción real y física con él en el set.

Krzykowski buscaba algo más primitivo y orgánico, casi como los monos de 2001: Una odisea del espacio, en lugar de un efecto frío. El resultado es que, en las escenas clave, uno siente que hay dos seres vivos enfrentándose, no solo un hombre contra un CGI.

Veredicto

Fotograma de El hombre que mató a Hitler y después a Bigfoot

El hombre que mató a Hitler y después a Bigfoot es una película rara, ambiciosa y un poco torpe. Promete una epopeya pulp y entrega un lamento otoñal sobre el héroe olvidado y la persistencia del mal. Sam Elliott la redime casi por completo; sin él, probablemente se habría hundido en el olvido de las curiosidades. Con él, se convierte en una rareza digna de ver una noche de insomnio, con un vaso de whisky en la mano y sin esperar fuegos artificiales.

Al final, uno sale pensando que matar a Hitler no fue suficiente, que matar a Bigfoot tampoco lo es, y que los verdaderos monstruos siguen paseándose por el mundo sin que nadie les ponga una bala entre ceja y ceja.

Si les gustan las películas que se atreven a ser distintas aunque fallen en el intento, denle una oportunidad. Si vienen buscando puro entretenimiento desbocado… mejor busquen otra cosa. El título ya les ha mentido lo suficiente.

Y ahora, si me disculpan, voy a apagar la luz. Que duerman bien… o que no duerman. Total, para lo que hay que ver.

Una imagen de la película El hombre que mató a Hitler y después a Bigfoot

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