🥀 Do or Die (Conexión Hawai, Vencer o morir) (1991)
A veces uno se pregunta en qué momento el cine decidió rendirse. Quizá fue cuando Andy Sidaris rodó Do or Die. O quizá cuando yo decidí verla un martes a las tres de la mañana, con un café que ya era solo memoria y desesperanza.
El filme —si podemos seguir llamándolo así— nos presenta a dos agentes del gobierno interpretadas por Donna Speir y Roberta Vasquez, cuya principal arma es el bikini y cuya mayor misión es, aparentemente, existir ante la cámara el mayor tiempo posible sin caerse de los tacones. Andy Sidaris, maestro en el arte de filmar explosiones como si fueran un trámite administrativo, nos ofrece una historia de persecuciones, traiciones y helicópteros que explotan con la pasión de un contable quemando informes.
La trama es tan lineal que uno sospecha que fue escrita durante un vuelo entre dos islas, con un cóctel en una mano y una servilleta en la otra. Sin embargo, hay algo hipnótico en su banalidad: cada diálogo parece una cita apócrifa de un manual de autoayuda para mercenarios.
Los secundarios desfilan como en un sueño húmedo de la televisión por cable de los noventa. Hay villanos que ríen como si cobraran por decibelio, héroes que disparan sin mirar, y una banda sonora que insiste en recordarnos que todo, absolutamente todo, es más absurdo con saxofón.
En términos técnicos, Do or Die es un documental involuntario sobre la entropía del cine de acción. El montaje parece realizado por alguien que perdió la fe en la continuidad, y la iluminación, por alguien que nunca la tuvo. No obstante, y aquí reside su oscuro encanto, la película no pretende engañar a nadie: es consciente de su propia mediocridad, y la abraza con una sinceridad casi poética.






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